“¡Dale, apurate que tampoco es ciencia!” es una frase que usé infinidad de veces para decir: “Esto no es tan difícil”, por ejemplo, cuando había que pedir empanadas, elegir los gustos del helado o decidir qué ropa ponerme para ir a la facultad.

Hace unos días, me pregunté por qué la decía, qué es lo que tienen las ciencias que muchas veces las pongo y, quizás, las ponemos, en un lugar distinto, algo así como superior o inalcanzable. Ese mismo día, había recibido un audio de una alumna que decía: “No puedo creer que YO me haya sacado un diez en química”. Inmediatamente, me pregunté y le pregunté “¿Por qué no?” y, al mismo tiempo, me di cuenta que no era suficiente para mí que ella o yo contestemos esa pregunta.

Así nace “Tampoco Es Ciencia”, con la intención de quitar a la ciencia de ese pedestal y tratar de acercarla a todos. Y, a pesar de que no puedo abarcar a todas las ciencias, me conformo con empezar por las ciencias formales, que son las que conozco un poquito más.

Dicho esto, te invito a que entremos a matemáticas por una puerta distinta, a la que llamo “Otras Matemáticas”; a conocer la física de una manera que incluya la realidad que nos rodea, a través de “Físicamente”, y a fijarnos si tenemos química con la química, en “A falta de química”. Además, agregué un apartado que nombré como “Filosofando” en donde voy a ir dejando opiniones y reflexiones que surgen de mi propia experiencia y de la forma en la que elijo ver la vida, mezcladas con las cosas que voy leyendo y aprendiendo.

Sin mucho más que decir, aprendamos juntos. Yo creo que tampoco es ciencia.

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Otras Matemáticas

Hace un tiempo, vi un video de Adrián Paenza que decía que entramos a las matemáticas por la puerta equivocada. “Nadie invita a entrar a su casa a alguien y lo hace entrar por el baño”, explicaba. Muchas veces, entramos a las matemáticas a través de ideas muy rígidas, de cosas que tenemos que memorizar, de fórmulas que sólo vamos a recordar para pasar el exámen, si es que las recordamos. “No entremos por ahí”, pedía Paenza, “y no porque eso no sea matemática, sino porque eso no tiene la belleza de las matemáticas”.
Coincido con esta idea, creo que se puede disfrutar de las matemáticas, creo que las matemáticas son bellas. Y, aunque sé que no todos disfrutamos de las mismas cosas, creo que es posible llegar a conocerlas de una manera distinta, una que nos quede más cerquita a todos. Si planteamos a las matemáticas como un desafío a nuestro alcance, uno que nos permita crecer y desarrollar el ingenio, si las entendemos como algo que nos puede facilitar otras cosas, si conocemos algo de su historia y llegamos a comprender para qué se creó esto que me están haciendo aprender, si logramos reírnos de y con ellas, en fin, si pierden esa cualidad de “chino básico”, entonces, las podemos hacer más bellas.
Yo no sé entonar una canción y, sin embargo, puedo cantar. De hecho, me encanta cantar aunque soy conciente de que no tendría mucho éxito si me subiera a un escenario. Esto mismo es lo que me hace apreciar la belleza de una persona que puede hacer música y lo hace lindo. Eso es lo que pretendo en este apartado. No es necesario que nos enamoremos de las matemáticas, sí creo que es bueno dejarlas más a mano para que más personas puedan apreciar su belleza.

Vayamos por otra puerta, entonces, que quizás así descubramos otras matemáticas, aún cuando sean las mismas.

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Físicamente

La palabra ‘Física’ proviene del griego y significa ‘Naturaleza’ y, justamente, de eso se encarga: de intentar explicar cómo suceden los fenómenos naturales. Para poder hacer esto, la física utiliza elementos de la matemática, de la química, de la biología, entre otras, y surgió a partir de la filosofía, como muchas de las ciencias actuales. Muchos intentaron explicar estas cosas que ocurrían en la naturaleza desde la Antigüedad, pero no fue hasta que Galileo propuso algunos experimentos que se convirtió en una ciencia. Claro que hubo muchos avances y descubrimientos en Física desde el siglo XVI (1500 y chirolas, hay que restarle 1 y saber números romanos, claro), hasta el día de hoy. De todas formas, todos los estudios parten de una realidad que sí podemos entender. Y la podemos entender ¡porque la vivimos y la experienciamos! El mismísimo Einstein, uno de mis héroes (quien además de saber física, tenía intereses socialistas, pacifistas y humanistas, se escapó del nazismo y era un padre poco presente), descubrió la teoría de la relatividad imaginándose a sí mismo viajando a la velocidad de la luz.
Por todo esto, no es una casualidad que usemos términos como ‘físico’ para referirmos a nuestro cuerpo y al mundo que nos rodea.

Aprendamos así entonces, físicamente.

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A falta de Química

Definamos química. No la definición del diccionario que, no sé el de ustedes, mi cerebro cataloga como ruido a primera vista y necesito prestar mucha atención para comprender lo que me está diciendo. Definamos química de esa manera que la usamos cotidianamente cuando decimos “tenemos química”, o cuando cantamos la canción de Banda de Turistas que dice “…Hay química entre los dos…” (Sí, no es de Babasónicos). ¿Qué es lo que queremos decir cuando decimos esta frase?
“Tenemos química”, como yo lo veo, quiere decir que dos personas se llevan bien, o dos animales, o una persona y un animal, quizás puede ser con una planta, es decir, que de alguna manera dos seres se llevan bien, se atraen, hay cierta afinidad entre ellos. Bueno, la palabra clave es esa ‘afinidad’. La química estudia eso, la afinidad entre dos o más cosas a las que llamamos sustancias. Para poder comprender esa afinidad, es necesario saber cómo están formadas esas sustancias; entonces, desde la química, nos preocupamos también, por conocer su estructura y su composición.
Por otro lado, cuando nos relacionamos con alguien con el que ‘tenemos química’, cambiamos, nos acomodamos, nos reordenamos y modificamos algunas cosas del entorno que nos rodea. Esto mismo sucede cuando se relacionan dos sustancias que tienen afinidad. En química, se dice que dos sustancias reaccionan y, al reaccionar, cambian, se reordenan, modifican esa estructura que conocíamos y molestan o perturban al lo que está a su alrededor, es decir, al ambiente, por ejemplo, liberando o absorbiendo calor.

De esta manera, y tratando a la química como un estudio de la afinidad, te invito a descubrir sin tenemos química con la química.

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Filosofando

Me gusta leer, me gusta entender lo que leo, me gusta extraer una conclusión de eso que entendí, me gusta transformar mi conclusión en una opinión, me gusta compartir esa opinión y, además de todo eso, me encanta escribir. Además de la lectura, este mismo proceso es el que sigo cuando veo un video o escucho una canción. Yo creo que eso, también es filosofar.
Por otro lado, la única forma de ampliar y mantener abiertas mis opiniones es compartirlas, debatirlas, reformularlas a partir de lo que los demás me aportan. Me gusta que mis opiniones sean flexibles y me gusta permitirles cambiar.
Por último, escribir es para mí ese tipo de acto creativo y atemporal que me permite acercarme al mundo, permitir que me toque, entrar en un estado de flujo y volver a la rutina con una energía distinta y las ideas más claras.

Eso es este espacio, escribir para que el mundo me toque. Escribir filosofando.

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Sobre Mí

Me llamo Eliana, tengo 28 años y vivo en CABA, Argentina.
Estudio Ingeniería Química y Counseling desde el ECP (Enfoque Centrado en la Persona).
Trabajé algunos años en la industria, en la parte de Control de Calidad y, hace un tiempo, decidí buscar una forma de trabajo que se adaptara más a lo que me gusta y me apasiona (todavía lo estoy buscando o quizás ya lo encontré, no lo tengo muy claro).
Doy clases de apoyo escolar desde que tengo 18 años y, aunque hubo algunos años en que lo hice con menos frecuencia porque no me daban los tiempos, hace algunos meses, decidí dedicarle más espacio.
Me apasiona escribir, enseñar (lo que yo prefiero llamar: construir saberes, como si fueran bloques de Lego) y ver a otra persona crecer.
Me encanta leer, no puedo vivir sin escuchar música, me sé la letra de casi todas las canciones que escuché alguna vez, soy una pésima cantante ducha y, a veces, hago recitales en el bondi sin darme cuenta (bueno, a veces, sí me doy cuenta).
Tanto en la música como en la literatura, en realidad, en cualquier tipo de arte, tengo gustos amplios y me gusta intentar disfrutarlos sin prejuicios, es decir, tratar de encontrar la belleza en la mayor cantidad de géneros que pueda yo apreciar, quizás sea porque no sé un pomo de eso. Amo a Mario Benedetti y a Agatha Christie; estoy enamorada de ‘Rayuela’, del flaco Spinetta y de Daniel Ravinovich; admiro profundamente a Einstein y a Leo Da’Vinci; me encanta Serú Girán y Fito Paez cuando toca el piano; crecí leyendo Harry Potter, me sé de memoria El Principito y los viernes escucho cumbia.
Tengo un mate de Mafalda y patino desde los 5 años. No soy una excelente cebadora de mate ni tampoco una super patinadora, pero me defiendo en ambos.

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